“Llevo mi propia bolsa…” El cambio está en las pequeñas acciones

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Una vecina cuenta cómo cambió su hábito para cuidar mejor el medioambiente y el barrio

Mi inquietud por las bolsas de plástico surgió a partir de una noticia que pasaron en la televisión que informaba que en un lapso de tiempo se prohibiría el uso y entrega de bolsas plásticas en los comercios. Me pareció una buena medida, e inmediatamente me planteé qué posibilidades estaban a mi alcance para participar del cambio. Reforcé aún más mis ganas de hacer algo al recordar los mails que, como muchos de nosotros, recibo alertando sobre los daños que causan las bolsas al medio ambiente.
En ese momento me mudaba a vivir a San Telmo y me pareció una buena oportunidad para comenzar a adoptar prácticas responsables con mi nuevo hábitat. Vivir en la Ciudad de Buenos me genera sentido de “responsabilidad ciudadana”, y de espacio común que se debe cuidar. San Telmo en particular me despierta un sentimiento de respeto,  preservación, y valoración por la historia del barrio. canasta
Mi preocupación por las bolsas también se liga al tema de la basura y el barrio. Al observar la cantidad de desechos en las calles, considero que las bolsas plásticas que se entregan indiscriminadamente en los supermercados, aunque algunas las reutilicemos como bolsa de residuos, muchas de ellas van a parar a la basura y se convierten en desechos absolutamente evitables.
Algunos recordarán años atrás cuando se utilizaba la bolsa de mandados. No dependíamos de bolsas plásticas, teníamos incorporado el hábito de llevar nuestra propia bolsa. Con el correr de los años, y como consecuencia de las grandes transformaciones económicas y del estilo de vida, nuestros hábitos de consumo se modificaron. Se impusieron las bolsas plásticas, en mi opinión para “facilitar el traslado de las compras” como táctica para promover la venta, y facilitar la compra al paso.
Entonces me pregunté.. ¿qué es lo que puedo hacer, para correrme de este modelo e intentar disminuir mi consumo de bolsas? Y mi respuesta fue: en primer lugar comprometerme y decidirme, NO QUIERO BOLSAS PLASTICAS, VOY A UTILIZAR MI PROPIA BOLSA. Con el paso de los días me di cuenta que la decisión era simple, pero no tan simple llevarla a la práctica.
Me propuse analizar qué dificultades aparecieron al intentar modificar mi hábito. Se me presentaron dos situaciones cotidianas: me pasó algunas veces al principio que al salir a hacer las compras me olvidaba la bolsa. Si estaba cerca volvía a buscarla, sino trataba de usar la menor cantidad de bolsas posibles, cargando bien cada bolsa; y al regresar me aseguraba de poner la bolsa en un lugar visible para evitar el olvido la próxima vez.
También me sorprendí sin saber qué hacer cuando uno realiza compras al paso, por ejemplo estando en el trabajo y salir a comprar para almorzar. Yo lo resolví llevando una bolsa de plástico en la cartera que reutilizo. Es decir en lugar de aceptar la bolsa que me da la cajera, saco mi propia bolsita de la cartera y la vuelvo a utilizar cada vez que voy.
Modificar nuestras conductas no es sencillo; implica desarticular una mecánica arraigada en nuestro desempeño cotidiano. Propongo algunos puntos básicos para facilitar el reemplazo e intentar disminuir el consumo de  bolsas de plástico:

  • Primero y aunque parezca obvio, conseguir la bolsa: la de la abuela, la de mandados o de tela. Se pueden conseguir en bazares, ferreterías, casas de limpieza, y en el mercado de San Telmo. La bolsa tradicional de compras (rayada de colores) es muy cómoda para llevar peso.
  • Tener la bolsa en un lugar visible, o que resulte a mano antes de salir a hacer compras.
  • Para compras al paso es útil llevar las mismas bolsitas plásticas para reutilizar, o una bolsa de tela, que ocupa poco espacio, es más resistente y tiene mayor capacidad.
  • Al comprar productos pequeños, pensar si es realmente necesario llevar la bolsa, o si se puede prescindir trasladando la compra de otra forma, ya sea en la cartera, en el bolsillo o en la mano. Porque es bueno recordar que la única función de la bolsa es facilitar el traslado. No es obligatorio aceptar la bolsa si no es necesario.
  • El changuito es otra alternativa y es muy útil para las personas mayores porque evita cargar peso.

Volviendo al barrio, si uno se detiene a observar, todavía se ven algunas personas que utilizan su bolsa de feria o el simpático changuito. Yo creo que el cambio está en las pequeñas acciones, porque generan sensación de compromiso con uno mismo, y participación en la comunidad. Intentar un mundo mejor no es una utopía, no es una obligación, es una decisión. El cambio es gradual, lleva tiempo, reflexión y perseverancia.
—Liliana Gelburt

Liliana Gelburt

Liliana Gelburt

Sumate a esta campaña! Todos podemos tener nuestra propia bolsa
El grupo de vecinos autoconvocados San Telmo Limpia está desarrollando una campaña para desalentar el uso de bolsas plásticas y llevar nuestra propia bolsa, canasta, o changuito al supermercado. Estamos confeccionando bolsas re-usables de tela para la campaña “Llevo mi propia bolsa: cuidando San Telmo, cuidamos el mundo”. Comercios, instituciones barriales y vecinos están invitados a sumarse a esta campaña con la opción de producir bolsas con sus propios logos y diseño.
Para más información: www.santelmolimpia.blogspot.com / santelmolimpia@gmail.com / 15-5853-6224 (Carolina López Scondras)

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