Andares santelmeños de grandes escritores latinoamericanos

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Revelamos un poco de la historia literaria del barrio

Los últimos guapos y cuchilleros que, ya para la década del 60, eran una mitología que él mismo había construido desde sus textos, poblaron otrora esas calles cercanas al Río de La Plata. Jorge Luis Borges desandaba la calle Maipú desde su casa y tomaba por Perú hasta el 500 de México, donde supo estar la Biblioteca Nacional, de la que fue nombrado director en 1955. Ese mismo año su ceguera comenzó a manifestarse y dio lugar a aquella magnífica conjunción entre Los libros y la noche que fue expresada por Borges en el clásico Poema de los dones. Entre esas caminatas y las mañanas en su despacho, tomaron forma los textos que luego integrarían El informe de Brodie.


En aquella Buenos Aires portuaria de las últimas décadas del 1800 que Borges soñó y no vivió -luego del éxodo de las familias más adineradas de San Telmo, en 1871, que dejaría un gran número de casas abandonadas que darían lugar a los conventillos-, vivió José Severino Alvarez. ¿Quién? Se trata de Fray Mocho, escritor y periodista, que habitó una casona en Bolívar 705.
Según cuenta Fabricio Escobar, un historiador de la cultura del barrio, “San Telmo fue una caja de sorpresas para Fray Mocho, quien supo patear la calle y comunicarse a través de ese idioma del pueblo que fue el lunfardo”. Por entonces, Mocho formaba parte de la dirección de la revista Caras y Caretas, ícono de la cultura criolla en su etapa de incipiente modernización. A través de una novedosa mixtura entre las letras y las caricaturas, la revista estaba vertebrada por una impronta picaresca y el uso del lunfardo que, sin dudas, recogía de su hábitat barrial conformado por obreros y comerciantes que se daban cita en los almacenes y los cafés.
Más atrás en el tiempo, durante la primera década del siglo XIX, el poeta y militar Esteban de Luca vivió en la esquina de Carlos Calvo y Defensa, en la casa que en la actualidad es Monumento Histórico Nacional. De Luca, quien participó activamente en la batalla contra las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807 como subteniente del Batallón 3 de Patricios, compuso en su casa de la por entonces Calle de la Reconquista (actual Defensa) versos de inspiración neoclásica y profunda convicción nacional, como A la libertad de Lima, Al pueblo de Buenos Aires, y el primer himno titulado Canción patriótica.
A partir de1948, mucho antes de pasar sus días sin moverse de su cama, escribiendo mientras fumaba y bebía whisky, transcurrirían los últimos veinte años de vida del novelista uruguayo Juan Carlos Onetti en un departamento en Independencia 858. Bajo la sombra de esas paredes santelmeñas escribió una novela central, que luego pasaría a los anaqueles de la literatura latinoamericana: La vida breve, publicada en 1950. En sus páginas, el célebre oriental situó por primera vez su relato en Santamaría, el mítico pueblo donde luego transcurrirían el resto de sus historias.
Contemporáneo a la estadía de Onetti en la zona, el escritor polaco Witold Gombrowicz tenía una habitación en Venezuela 615. Sus textos descubren un enamorado de la Argentina que supo caminar las calles angostas y sentarse, por horas, en los bares de la calle Perú, para compartir charlas o leer y escribir hasta entrada la madrugada.
Y como lo mítico envuelve a este barrio del Sur, es lógico que exista un personaje célebre que ha pasado sus días en San Telmo. Jamás algún vecino la vio en persona, sino siempre a través de maravillosas hojas. Mafalda, que desde la pluma de Quino fascina a generaciones enteras de lectores, y representó (y lo sigue haciendo) el espíritu crítico de la intelectualidad y la resistencia criollas, vivió en un edificio de departamentos ubicado en Chile 371. Aunque el piso y departamento son un misterio no revelado, sí se sabe por qué Quino conocía tan a la perfección su vida y pensamiento como para retratarlos: Jorge Lavado, nombre real del dibujante, fue su vecino. Desde uno de los pisos superiores pasaba sus noches retratando la vida de esta ciudadana ilustre de San Telmo, quien junto a sus amigos jugaba en el Parque Lezama.
Así también pasaron por casas del barrio otros grandes como Manuel Mujica Lainez (Manucho) quien, en su Misteriosa Buenos Aires, hace referencia a San Telmo con nombre y apellido.
—Juan Francisco Gentile

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