Sarah Bianchi: la señora de San Telmo

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El Museo Argentino del Títere queda en San Telmo y es el segundo en importancia en América Latina. Lo hace y cuida Sarah Bianchi, la mujer que a los 86 años piensa en comprar otra casa y acercar más gente a la forma de teatro más bella que conoce. Esa que supo mostrar, en Buenos Aires, hasta Federico García Lorca.

Perfil de la madre de los títeres
Sarah Bianchi es profesora de Letras, artista plástica y pionera, junto a la gran Mané Bernardo, artista plástica y famosa actriz del movimiento titiritero argentino. Actriz de teatro independiente, se unió al mundo de los títeres en 1944 manifestando que el arte de los muñecos es una de las tantas representaciones de las artes escénicas, como lo es también la mímica o la danza.
En la vida de Sarah sus fotos, afiches, títeres y marionetas comparten anécdotas que se reúnen en San Telmo y viajan por toda Argentina y el mundo.
En Agosto de 1985, en la esquina de Piedras y Estados Unidos, Sarah y Mané abrieron las puertas del Museo Argentino del Títere, un lugar lleno de historia, cultura y tradición que ofrece al público una colección de más de 500 títeres recolectados en viajes, adquiridos o intercambiados por otros, una biblioteca pública con 5.000 volúmenes de material bibliográfico e icnográfico de este antiguo oficio y una sala con 48 localidades que brinda funciones para grandes y chicos. Hoy, además, se suman la Escuela de Narración Oral, talleres de Teatro de Sombras, Títeres y el Departamento de Cine.
Sara es Directora del único Museo de Títeres que hay en el país y el segundo que existe en Latinoamérica, fue declarada Ciudadana Ilustre de la ciudad de Buenos Aires y recibió numerosos reconocimientos y homenajes por su trayectoria y por su espíritu de trabajo y vocación. Su última adquisición es el Premio a la Trayectoria por sus 62 años de labor como actriz, mimo, dramaturga y maestra titiritera, otorgado por el Instituto Nacional del Teatro.
—Marina Cirigliano
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Entrevista: la vida no es teatro
Quizá de ella atraiga el personaje suave, de ojos pequeños hasta ser inmensos al mirar, que enciende unos de sus finos y largos cigarrillos que descubre entre fotos de cuando junto a sus títeres daba las noticias en Canal 7.
Entre libros con perfume a haber vivido; una surrealista caja de música y la colección escolar de cuentos de muñecos que publicaba su socia y compañera de vida, la fallecida Mané Bernardo, lejos de ser una abuela que prepara postres de caramelo, con 86 bellos años Sarah Bianchi, es dulce, sí, pero asalta con energía a quien se le presente.
Sarah, entonces, es ante los ojos de la cronista, una mujer intensa e incansable: “Ahora necesito un mecenas porque quiero comprar la casa de al lado para unirlas y hacer una sala muy grande; el barrio y todo este espacio lo necesitan y merecen”.
El Museo del Títere funciona en una casona de 1870, en San Telmo, en la que nació Mané, allá por 1913. La hoy directora asegura que jamás se iría de la casa natal de su amiga ni de San Telmo, porque el lugar que tanto ha conocido en “sus mejores años de barrio, entre el 44 y el 70”, es, para la titiritera, el origen.

¿Quién solventa los gastos de la fundación, la biblioteca y de todo esto si las entradas a los shows cuestan tan poco?
-Yo, con mis premios.

-¿Con sus premios?
-Sí, con el premio Fundación Guevara, que son 1.000 pesos por mes, y con el del Instituto Nacional del Teatro.

– ¿Por qué los títeres, ahora que puede pensar en volver a vivir otra vida?
-Yo era artista plástica, actriz y dramaturga y Mané me llamó para pintar y decorar sus obras en la Compañía Nacional de Títeres que funcionaba en el Cervantes y que ella había creado. A los dos años, me dio un títere llamado Lucecita y nunca más lo dejé. Con los títeres puedo ser todo lo que soy: pintar, escribir, actuar. Si pudiera elegir una vida nueva, elegiría ésta.

A paso lento y seguro abre las puertas de sala donde guarda las pinturas de su compañera y cuenta que está preparando en el Museo Sívori una exposición para esos cuadros de Mané, una de las primeras titiriteras de la Argentina. Abre otra puerta y cuenta, entonces, que con su socia y amiga vivieron en altillos de los altísimos techos de la casa de Piedras al 900 hasta que los títeres las “desalojaron”. “Fuimos a Recoleta pero en San Telmo pasamos las mejores épocas: íbamos a los teatros del barrio y a los de la avenida Corrientes, a los corzos; y volvíamos caminando por las callecitas del barrio; era cuando todos nos conocíamos y ayudábamos o jugábamos al carnaval con el grifo de la esquina de enfrente”, rememora.
Cuando Mané falleció, Sarah decidió comprar una casa en San Telmo, cerca de su ex casa y hoy museo, teatro y fundación para no permitir que muera la historia, que para algo la ha vivido.

-¿Qué pasaba con los títeres allá por el 44, cuando usted conoció a Lucecita?

-La gran movida empezó unos diez años antes, cuando los títeres dejaron de ser un juego y fueron tomados por artistas e intelectuales. Mucho tuvo que ver Federico García Lorca, que en 1934 vino a Buenos Aires, al Teatro Avenida, y presentó como titiritero “El retablillo de don Cristóbal”, con la compañía Lola Membrives. Así, Ernesto Arancibia, uno de los más grandes del teatro y el cine de la época, que estaba cerca de Lorca, empezó a impulsar a otros como Mané y Villafañe y de ahí salieron ellos; los más conocidos años después. Hasta el momento, en Buenos Aires, los que habían trabajado con los títeres como teatro eran los sicilianos, que tuvieron, en el ´25, un teatro en La Boca.

-¿Eran épocas de títeres para adultos?
-Sí; porque el títere es un modo teatral de expresión de las cuestiones sociales, políticas. Se dijo y se dice mucho a través de ellos. Los chicos vienen luego y es importante su incorporación en este mundo por el nivel educativo de este tipo de teatro.

-El noticiero de Canal 7 con ustedes dos y con muñecos dando las noticias; colecciones de libros escolares con obras de títeres, ¿es una señal de que se le daba otra importancia a los títeres?
-En la tele, con cada personaje teníamos una función; estaba el pronosticador del tiempo y todo. Después nació la Telerevista, que era media hora propia por las tardes. No sé si tenían otro espacio. Hoy, la fundación está creciendo para que se entienda su importancia cultural, artística y social. Y además quiero comprar esa casa: vamos a hacer que más gente vea títeres.
—Nora Palancio Zapiola

Museo Argentino del Títere
Piedras 905. San Telmo
www.museodeltitere.com.ar

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