Nota de Tapa: Barrio chico, arte grande

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“El arte que se hace en San Telmo se vende en la calle Arroyo”, se dijo históricamente. Desde hace dos años, algunas galerías del barrio de la Recoleta se mudaron a San Telmo, trayendo consigo un nuevo ciclo para la fama de barrio artístico que comenzó en 1968, hace exactamente 40 años, cuando Osvaldo Giesso, arquitecto y artista, convenció a sus amigos de que se mudaran al barrio de calles adoquinadas; casonas amplias, luminosas, baratas y de techos altísimos. Así, toda una generación de artistas plásticos que soñaba con vivir en París encontró en el siempre fantástico Parque Lezama su entorno perfecto.

Dos años después, el arquitecto José María Peña publicó un aviso que invitaba a exponer cosas viejas en una novedosa feria en Plaza Dorrego. Graciela Zar y Adolfo Nigro, entre otros, se presentaron con caballetes y tímidas obras. Hoy, cuando un original de Nigro puede rondar los 20.000 dólares, San Telmo está perdiendo su fama de barrio bohemio porque “los valores inmobiliarios son inaccesibles para los artistas”, sostiene la pintora Magdalena Jitrik, quien vive en San Telmo desde que regresó del exilio en México junto con su padre, Noé.
Nigro conoció esa bohemia en 1976, cuando, recién llegado desde Montevideo, quiso alquilar un departamento con vista a su añorado Río de La Plata: “soy pintor y no tengo trabajo”, dijo, y con eso le alcanzó para que el dueño lo aceptara como inquilino y le permitiera pagar el alquiler con obra, algunos meses. Mientras tanto, Giesso y Ennio Iommi se divertían exponiendo en galerías “obras polémicas e incluso políticas”, recuerda el maestro.
Hoy, Giesso proyecta otros emprendimientos culturales porque su galería “no es comercial y la gente no la visita”. Al son de estos cambios, se han abierto 28 espacios de arte contemporáneo en San Telmo. ¿El contexto?: setenta manzanas; 24.000 habitantes; cien artistas plásticos –censados–, una moneda devaluada que favorece a cierto turismo y un sello de barrio artístico que, como siempre, coquetea con las tendencias. ¿Qué tiene San Telmo que los atrae?
“La imagen de San Telmo como barrio artístico puede vincularse a que tiene escala humana”, señala José María Peña, aunque aclara que la bohemia de ayer no es igual a la que se tiende a vender hoy en el barrio. “La bohemia no tiene que ver con querer llenarse de oro sino con hacer lo que a uno le gusta; no se le puede llamar bohemio al que está todo el tiempo haciendo negocios”.
Distintas épocas, intenciones y clases económicas. Hoy, el arte plástico devolvió a San Telmo al centro de la escena mediática reconociéndolo como “el circuito”, aunque a riesgo de ser un auge y de resultar “en algo parecido al SoHo de Nueva York”, como explica Alejandro Puente: “cuando llegué allí con una beca, no se llamaba así y sólo había galpones que los artistas empezaron a habitar hasta que la policía los echaba; luego pasó por su época de bohemios, bares y cultura y todos queríamos estar ahí, hasta llegar a lo que es hoy, un sitio de diseño pero casi sin galerías de arte”.
Bohemia no es igual a arte, queda claro. Pero este barrio está repleto de artistas, de los más grandes de Argentina e incluso de desconocidos, que piden que los gobiernos estimulen los ateliers de la zona.
Josefina Robirosa, Luis Alberto Wells, Jorge Demirjian, Ennio Iommi, Juan Lecuona, Luis Felipe Noé, Nora Iniesta, Matilde Marín, Alejandro Puente, Adolfo Nigro, Alicia Carletti, Jorge Álvaro, Claudia Aranovich, Martiniano Arce, Miguel Angel Biazzi, Roberto Rajadell, Graciela Zar, Jorge Muscia, Gloria Audo, Carlos Bissolino, Eduardo Pla, Osvaldo Giesso, Graciela Borthwick y Magdalena Jitrik son sólo algunos de los que viven o hacen su arte en San Telmo.
El Sol de San Telmo presenta un intento de retrato y de homenaje a los que hicieron este barrio y a los que llegan y quieren formar parte de esta identidad.

Martiniano Arce
Tiene 68 años y desde hace 33 vive en una de las esquinas más bonitas de San Telmo. A pesar de que desea que se vayan los colectivos por el ruido que hacen y por el daño que provocan en los edificios, dice que San Telmo “es el lugar para un artista”. “Acá hay luz natural y esa es la única con la que se puede usar la vista sin que se gaste”, explica el fileteador que allá por 1975 pintaba en su casa con el maestro Antonio Berni. Además, recuerda las calles adoquinadas y algunos frentes todavía fileteados: “Eso juega para que uno trabaje con libertad”.
Cuando Fernando de la Rúa era presidente, Arce, quien supo pintar carros y camiones en Barracas, le propuso filetear el Tango 01 y escribir, al costado del avión presidencial: “el fileteado me aburre”. “Por supuesto, no le gustó la idea”, dice y ríe porque le gusta tomar todo con humor. Por eso, se hizo de dos ataúdes; uno para él y otro para su esposa. Fileteó ambos y en el propio escribió: “14-11-2046, 19,30 horas. Parto para el gran silencio. Gran fiesta con champagne. No se suspende por mal tiempo”.

Miguel Angel Biazzi
“En 1967 llegué desde Salta a Buenos Aires y fui acercándome a San Telmo sin querer queriendo; es como que tenía que venir”, cuenta Biazzi quien, aunque no quiere encasillarse así, se especializó en arte americanista.
“Yo hacía pintura como me enseñó el profesor: tipo Modigliani, todo estilizado. En Salta me di cuenta que lo que me habían enseñado no me servía, la gente, el mercado, el paisaje, el koya de cara cuadrada; todo muy distinto a lo europeo y aparte, en Buenos Aires, empecé a hacer estudios antropológicos de arte precolombino”, explica mientras dibuja su propia barba con un lápiz.
El espacio y atelier, abierto al público, está repleto de obras que no dejan alma sin información. Sus ángeles arcabuceros, entre otras creaciones, hacen de este artista uno de los pocos que retrata la historia de manera contemporánea.
“Esta fue la primer galería en la calle Defensa, la abrimos con mi esposa hace 12 años. Cuando vinimos era muy marginal, pero se vendía a los argentinos, cosa que ahora no pasa tanto. Los turistas ya venían porque esto es parte del Casco Histórico”, recuerda Biazzi.
“De San Telmo me gusta todo, cualquier barrio es más mediocre que éste. Sí, es cierto que antes salías y veías más artistas por la calle”, reflexiona. “Esto es muy pueblo; me siento cómodo”. Biazzi termina con una idea que refleja en su vereda: “El arte debería estar más en la calle en este barrio”.

Alicia Carletti
Se emociona y pregunta: “¿Por qué los artistas tendremos esa cosa con San Telmo?”. Ella, a los 15 años desde San Isidro, soñaba con el Parque Lezama y el Bar Británico al leer “Sobre héroes y tumbas”, de Ernesto Sábato. “Mi ilusión de vivir acá no tenía que ver con el movimiento de pintores que había, sino más bien con estas lecturas que relacionaban el San Isidro colonial con el San Telmo antiguo”, rememora.
“No quiero ser pesimista, de verdad, pero, siento que estamos ante una tercera invasión; hay una fiebre de lo temporario. Por supuesto que ni remotamente se me ocurre irme; nunca”. La pintora, curadora de la Manufactura Papelera, cree que algunos jóvenes artistas y galeristas no se interesan por el arte de los viejos y conciben sus obras como productos comerciales”. Aunque, “en San Telmo o Montserrat hay casos de galerías muy buenas como Wussmann”, reconoce. Carletti, quien expone en la calle Arroyo y cree que el turismo que pasa por allí compra obras y que “el turismo que recorre el circuito de San Telmo es gasolero”.

Jorge Falco
Es uno de los artistas que más retrata al barrio de San Telmo. Desde su atelier de la Galería del Viejo Hotel sale a ofrecer sus obras a los comercios de la zona, incluso a las cadenas y grandes marcas “no sólo para vender y vivir de mi obra sino para que haya una identidad estética. Los más nuevos se niegan, pero muchos otros no y yo sigo apostando”, explica el pintor.
A punto de viajar a China como artista invitado, Falco desmiente que San Telmo sea el barrio del arte y redobla la apuesta: “es la cuna del arte. Acá hay duendes que te acompañan en la soledad del artista. Sin ellos yo no podría pintar”.
Falco es uno de los artistas que acaban de pintar las baldosas del pasaje Tres Sargentos y quiere que en San Telmo se reproduzca la idea, “ya que el arte tiene que estar también en la calle porque es ahí donde nace”, asegura. Así, propone que si Balcarce es convertida en peatonal sea la calle del arte, con exposiciones en la calle y los balcones, como él mismo realizó a lo largo de una cuadra hace varios años. Esa, además, fue su experiencia en lugares como Firenze, Italia.

Osvaldo Giesso
Hace 40 años comenzaba a traer a los primeros artistas a vivir a San Telmo. “Vine de pura casualidad; mi primo, de la casa Giesso me avisó que un comerciante muy hábil pondría un restaurante en San Telmo y me dijo: ´Abrí uno porque parece que ahí viene la onda´. Y así vi el cartel de venta —que estaba hacía 4 años— en la calle Cochabamba, la propiedad me gustó, era muy barata y dije ´la compro´; y así empezó San Telmo”, recuerda el arquitecto y artista. Giesso cuenta que había tantas casas viejas y baratas que le vendió propiedades a Josefina Robirosa, Méndez Casariego, Ennio Iommi y Jorge Demirjian, entre otros.
A punto de cerrar su precursora galería en San Telmo, explica el boom de las galerías de arte en la zona: “Hay una idea equivocada de que el turismo que viene compra arte; además, las galerías son el único negocio que se puede llenar con mercadería en consignación. Para mí, las galerías ya fueron; hay una infección de ellas”, sostiene Giesso, aunque aclara que “algunas sobrevivirán”.
Y él, quien empezó todo, a los 83 años da una primicia: enfrente, junto a los alumnos de Ennio Iommi, realizará una obra al aire libre: “El tren de los cartoneros”. A esa iniciativa de la calle Cochabamba le suma la idea de “un museo a cielo abierto en el que la gente pueda acercarse a las obras”.


Magdalena Jitrik

Con 41 años algunas de sus obras están expuestas en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) y en centros culturales europeos. Vive en San Telmo y se considera “una artista comprometida plásticamente”. Durante su exilio en México, desde los 8 y hasta los 21 años, estudió artes visuales y comenzó a hacer pinturas abstractas. “Mis experiencias políticas y mis lecturas me llevaron a pintar determinadas imágenes, experiencias. Participé de una huelga estudiantil en México y, ya en Argentina, fui una manifestante anónima porque no había posibilidad de experiencias concretas”.
Su trabajo actual nació de una manera bastante original: “En 1996 empecé a ir a leer y a escuchar a la Federación Libertaria y empecé a titular mis obras con cosas que ahí encontraba”. “Me costó muchísimo vivir e insertarme, pero entre el 97 y el 98, empecé a vivir un poco de mi pintura”, recuerda. Sobre la bohemia del barrio, opina que “lo era”. Y menciona Palermo: “Si no hubiera artistas en San Telmo, ¿de dónde se agarraría esta cosa moderna con esa onda Palermo que nos asfixia? Si le sacás a los artistas, ¿qué atractivo queda?”.
Los artistas, que son parte de la bohemia, están empezando a irse del barrio por limitaciones económicas, dice Jitrik y explica que la tendencia “empezó con los hostels, algo interesante por la mezcla de culturas de esa gente que venía a buscar arte y ambiente bohemio pero todo se reconvirtió para extraerles euros y, en consecuencia, algo de esa bohemia se fue y los turistas ya no encuentran eso que vienen a buscar”.
Para Jitrik, Balvanera (conocido en forma popular como Once) se está convirtiendo en el nuevo barrio soñado para los artistas. “Igual que a San Telmo, a Balvanera le estaba faltando soltar más su espíritu. Hace falta una política de estímulo para los ateliers de la zona sur”, reclama la artista.

Ennio Iommi
El artista, quien representó a la vanguardia, cuenta que al vivir en El Palomar necesitaba un estudio en el centro. Iommi recuerda cómo llegó al barrio: “Giesso me mostró un lugar que entonces era como un conventillo y me gustó, en Humberto I al 700; eso fue hace más de 20 años”. Además a la vuelta, en Piedras entre San Juan y Humberto I, da un taller de arte en el que solo acepta “gente que tenga pasión”. “No enseño nada -explica- ; ayudo a que ellos saquen lo que tienen adentro y no saben cómo sacar”
Iommi es particular para referirse a su relación con San Telmo: “Me encanta el barrio, me hice muy amigo del dueño de la pizzería; con él nos pasamos horas charlando, porque trato de evitar encontrarme con artistas, por eso busco gente real”, dice.
Sobre las galerías y su cantidad, opina que “ahora son comerciales, antes eran polémicas; nuestras exposiciones eran polémicas, incluso políticas. La antigua vanguardia terminó y no hay iniciativa de una nueva”. “El artista moderno reemplazó al decorador y el arte contemporáneo quizás esté agotado por tanto arteBA”, se anima aún cuando será uno de los tres grandes maestros homenajeados en la próxima feria de arte contemporáneo. “Ahora son artesanos porque se hace arte para vender; no hay riesgos”, explica Iommi y aconseja: “A los galeristas les diría que cierren y abran bodegones que son mucho más divertidos”.

Adolfo Nigro
Llegó de Montevideo, Uruguay, exiliado por el golpe de Estado de ese país y al fin padeció tres de ellos: el uruguayo, el chileno y el argentino. “San Telmo me encanta y viví hasta que tuve que mudarme unas cuadras más lejos, cerca de Constitución, y hoy no puedo regresar porque me es imposible comprar la misma cantidad de metros que tengo; los precios expulsan”.

Durante años, su paisaje urbano fue San Telmo: la terraza donde vivía Luis Wells, y fragmentos de río que todavía podía verse. Del barrio, a Nigro le atrae “el aire nostálgico, las casas antiguas, la luz, el Parque Lezama y los adoquines; quizá porque pertenezco a una generación que soñaba con irse a vivir a París y esto es muy parecido”. Empezó como artesano en Plaza Francia, una feria que ayudó a fundar. Luego, José María Peña lo invitó a la de Plaza Dorrego y allí lo descubrieron dos coleccionistas. Ahora el artista goza de un gran reconocimiento.


Luis Felipe Noé
“Mi vínculo con el barrio es de cuando mi abuelo dejó gran parte de su fábrica de sombreros desocupada y mi papá me dijo: ´Tenés todo ese espacio libre´. Y al poco tiempo llegaron Rómulo Maccio de la Vega, entre otros”, rememora. El maestro cree en el espacio merecido para los emergentes, asegura no tener problema en compartir un lugar con nuevos artistas, y valora galerías de la zona como Wussmann y Zavaleta Lab.
A Noé le encanta San Telmo, donde vive hace 21 años, pero le preocupa que algunos edificios se están reconvirtiendo en casas de alojamiento para turistas y que “eso cambie radicalmente al barrio en cuanto a población y precios”. Sin embargo, el artista admite que “a pesar de algunas cosas, el barrio está mejorando”.

Alejandro Puente
El artista platense llegó a San Telmo hace 26 años. “Antes venía a ver exposiciones y hacía una caminata por el barrio porque me atraía su toque romántico. Aunque va cambiando, tiene escala de barrio y a mí no me gusta el anonimato, la falta de tejido social, de indentidad. Además, las construcciones antiguas y sus techos altos son mejores para trabajar y vivir. De acá no creo que me mueva más”, cuenta el artista.
Acerca del boom de galerías en la zona sur reconoce que tiene “curiosidad por ver qué hay en ellas”. Piensa que “el país está devaluado y el turista viene a un lugar que le ofrece cultura hecha con esfuerzo porque al Estado no le importa nada, y esta característica resulta atractiva para los turistas. Pero con las modas no se sabe, porque pueden desmoronarse. De cualquier manera, esta novedad genera cosas y es positiva, entonces”.
Puente tiene cuadros en el MoMA de Nueva York y dice que su obra no es para turistas. “Los sentimientos no tienen especulación intelectual; el arte es lo más parecido al amor”, reflexiona.

Josefina Robirosa
A sus 75 años, sostiene: “estoy en la época más libre de mi vida y la quiero gozar; incluso estoy cambiando de pintura”. Llegó a San Telmo hace 3 décadas, “cuando había pipas y adoquines. El edificio dónde quería comprar tenía un jardín hermoso sin el problema de roturas de bombas ni pastos que cortar: tenía toda la vista del Parque Lezama para disfrutar”.
“Paso todos los días por Brasil y Caseros y el kiosquero me regala dos caramelos de chocolate y dulce de leche; bajo sin maquillaje porque soy medio campesina. Por eso, en parte, me encanta San Telmo”, dice. Y explica que “uno se adueña de este barrio porque tiene la dimensión de un pueblo, es como una casa grande”. Además, rescata la diversidad de la población. Dice que la peatonalización alejará a la gente porque no se trata de “preservación sino de una cosa mediática”.
Respecto al arte en la zona, opina que “a nivel Estado nunca se ha estimulado la zona sur” y cuestiona las designaciones de funcionarios públicos para el área de Cultura: “Jorge Telerman (ex Jefe de Gobierno porteño) nombró gente bien elegida, pero, ahora con Mauricio Macri, quien puso a alguien del área de Turismo en Cultura, no sé”.
—Nora Palancio Zapiola
—Investigación: Alejandro M. Zamponi/NPZ

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6 comentarios to “Nota de Tapa: Barrio chico, arte grande”

  1. Claudia Ramos Says:

    Excelente nota, realmente fue maravilloso enterarme como fue el comienzo de los artistas en San Telmo, y como continúan allí. Los admiro desde siempre, un beso y suerte para todos ellos.

  2. Ramón Sauma Says:

    Me interasa la dirección o el mail de Ennio Iommi ya que ttengo una obra que me gustaría autentificar.
    Agradeceré si me pueden ayudar a contactarme con él.
    Ramón Sauma.
    Santiago de Chile

  3. Graciela Says:

    Necesitaria conocer la direccion del taller de Alejandro Puente, ya que estamos haciendo un trabajo de Postitulo sobre el y su obra. O tal vez una direccion de e mail.
    Gracias

  4. martin Says:

    sos un kpo

  5. angeles pujol Says:

    hola muy buena nota , refleja el espiritu y clima de los personajes convocados , quisiera algun dato de Adolfo Nigro (mail o direcc de taller para contactarme entiendo que da clases en su taller y me interesaria , desde ya gracias y saludos

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