Noticias Comunitarias: Mayo 2008

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El derrumbe de la fachada del ex Museo del Cine
El 27 de marzo, en pleno Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, mientras se realizaban las obras de remodelación en el Museo de Arte Moderno (MAMBA), se cayó parte de la mampostería del edificio contiguo que, hasta hace un año, perteneció al Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken, en la esquina de Defensa y San Juan. El desprendimiento provocó el cierre de la calle por más de veinte días.
Esta situación se enmarca en la historia de un proyecto cultural que convive con los vecinos de San Telmo desde hace diez años. En 1997, surgió la idea de juntar los edificios contiguos del Museo del Cine y del MAMBA, ampliarlos y modernizarlos, para crear allí el Polo Sur Cultural, que albergaría y uniría a ambas instituciones.


Las obras comenzaron recién el año pasado y “estarían terminadas hacia fines de julio de 2009”, según el arquitecto Rodolfo Gassó, coordinador de las remodelaciones. Además, hay versiones que plantean que el Museo del Cine no volvería a su sede original, sino que se alojaría en otro edificio del barrio.
Con motivo de los trabajos, el Museo del Cine se trasladó transitoriamente al barrio de Barracas, la Dirección General de Museos, que funcionaba en el mismo lugar, se reubicó en lo que fue el Museo de Telecomunicaciones de Costanera Sur; y el MAMBA se quedó sin sede fija, aunque organiza algunas actividades en la Alianza Francesa y en la Fundación Telefónica.
Mientras tanto, en la madrugada del 27 de marzo, durante una tormenta, parte de la fachada del Museo del Cine, en zona de protección histórica, se desplomó. Si bien no hubo víctimas, la calle Defensa tuvo que ser cerrada al tránsito. Finalmente, gracias a la iniciativa de los comerciantes de la cuadra, el corte fue levantado el 18 de abril.
El arquitecto Gassó responsabilizó a la tormenta y señaló que “en ambos museos se efectuaron obras de cateo y exploración de la estructura”. Los vecinos, en cambio, argumentan otras versiones. Miguel, vendedor de una tienda de sombreros de la cuadra, aseguró que “hubo falta de control” y que “el edificio tiene filtraciones de agua. Por ejemplo, tiene tres agujeros de un metro de diámetro en una de las paredes laterales”.
Un año después de que surgiera la idea de crear el polo cultural, en 1998, se abrió el expediente. La licitación, la actualización del presupuesto luego de la crisis de 2001-2002 y los cambios de gobierno retrasaron las obras hasta principios de 2007.
El proyecto estaba en manos del ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi, que lo había declarado como una de las prioridades de la Ciudad, pero un decreto del 13 de marzo trasladó a las arcas del Ministerio de Desarrollo Urbano los 35 millones de pesos –actualizados al 6 de mayo de 2006– que demandarán los trabajos. En un principio, el dinero iba a ser prestado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), pero finalmente lo financió el Tesoro de la Ciudad.
Sobre el estado del proyecto, fuentes del Ministerio de Desarrollo Urbano informaron que “como no se cumplieron los pasos administrativos de traslado del expediente de un ministerio a otro, aún no se puede dar ninguna información al respecto”.
La idea original era que allí funcionaran los dos museos. Sin embargo, algunas versiones que circulan aseguran que el cinematográfico no volverá a su sede original, sino que se ubicará en otro edificio –con una historia conflictiva y no del todo contada a la comunidad– del mismo barrio. Esto concuerda con la opinión de Gassó, quien señaló que “el lugar le resulta chico al MAMBA”. Al respecto, en la Dirección General de Museos respondieron a El Sol de San Telmo que no pueden “decir cosas que después no se sabe si se van a cumplir”.
—Juan Pablo Parrilla Branda

Se desocupa el edificio de Bolívar y Humberto Primo
El antiguo edificio de la esquina de las calles Humberto Primo y Bolívar está a punto de perder, luego de 60 año, sus inquilinos y su cartel emblématico del barrio. El edificio ha albergado a la Carpintería de San Telmo durante tres generaciones de carpinteros, y a las Pulseras de Popea hace 30 años, pero los inquilinos se ven obligados a desocuparlo por pedido de los dueños, que hace unos años iniciaron trámites con este fin.
Junto a la tradicional tienda Las Pulseras de Popea, cuya dueña, María José Di Blasio ha manejado el local y vivido allí durante 30 años, la carpintería recibió una orden de desocupar el edificio tras un proceso de cambios que se iniciaron, según ellos, en 2005, cuando los dueños dejaron de renovar sus contratos de alquiler, según explica Di Blasio y el carpintero Carlos Rodolfo Broglieri. Los inquilinos explican que en el momento el hecho no los preocupó, dadas las buenas relaciones con los dueños.
En 2006, Di Blasio recibió un subsidio del Gobierno de la Ciudad para hacer mejoras a su local y los dueños hicieron una prolongación de contrato para revivir la legitimidad del último contrato de alquiler de 2003 y poder cumplir con el trámite. Esta prolongación fue otorgada en enero de 2007 y, en marzo de ese año, Di Blasio y Broglieri fueron notificados por los dueños que tenían que irse de la propiedad, ubicada en una de las esquinas más transitadas de San Telmo, que desemboca en la feria de arte de los domingos.
Cuando recibieron la orden de desocupar sus locales los dos resistieron, citando la dificultad de reubicarse en una zona con poca oferta accesible tanto para viviendas como para locales comerciales. Luego de una negociación con los dueños firmaron un convenio de desocupación que estipuló que, al cabo de un año (que se cumplió el 30 de abril pasado) tendrán que irse, período por el cual no pagaron alquiler con la condición de buscar un nuevos espacio para establecerse.
Pero, dicen “el boom inmobiliario hace que la mudanza sea casi imposible”, y en vísperas de la fecha de vencimiento los dos se encontraban todavía instalados en sus locales, con un pedido para una mediación encaminado en la Defensoría del Pueblo.
Sebastián Ruiz, uno de los propietarios del edificio, explicó que su familia no tiene ningún proyecto concreto para el lugar, y que la prioridad es la seguridad edlicia: “Todavía no sabemos qué será, antes de culaquier otra cosa lo primero es estabilizar el edificio porque está muy viejo”.
“Nosotros firmamos el acuerdo, sí, pero no somos abogados”, comenta Broglieri, “somos trabajadores y de repente nos mandan un papel como si fuéramos intrusos. Yo he perdido mi fuente de trabajo; no puedo seguir como carpintero porque no hay habilitaciones para una carpintería en ningún lugar por la zona histórica. Yo hice esto y viví en San Telmo toda mi vida, durante todas las épocas de la Argentina, las buenas y las malas, y ahora porque viene este auge de turismo tengo que dejar todo.”
“Lo más irónico de esto”, aporta Di Blasio, “es que somos parte de la tradición de este barrio. Somos los que armamos San Telmo cuando nadie le daba importancia. Hace 30 años este barrio como lo ves ahora no existía, y ahora somos nosotros los que tenemos que irnos.”
—Catherine Black

Crónica de un desalojo
El desalojo de todas las familias que habitaban la esquina del edificio donde funcionó el restaurante Manolo, en Brasil y Bolívar, se hizo con policías y prolijidad el 18 de abril último. Mientras tanto, algunos comercios cercanos se mantuvieron cerrados por temor a posibles disturbios. El edificio será demolido y allí funcionará un hotel. Aquí, la mirada de un vecino, Rogelio Ponsard, y una pregunta: “en Capital Federal si los problemas no se venl, ¿no existen?”
Por cuarta vez en los treinta meses que vivo en San Telmo, fui testigo de un desalojo. La primera fue a treinta metros de casa; la segunda, en la calle Piedras; la tercera, a doscientos metros de casa, en la avenida Caseros y, ahora, a cincuenta metros: en la esquina de Bolívar y Brasil, arriba del ex restaurante “Manolo”.
El edificio, de más de cien años, había perdido ya gruesos trozos de mampostería. Cada ventana correspondía a una familia. Los pesados balcones, adornados con guirnaldas de ropa puestas a secar, habían sido transformados, por medio de tabiques precarios, en galpones donde se guardaban trastos, bicicletas, cajas, valijas, plantas. En verano, las ventanas ampliamente abiertas dejaban ver televisores prendidos y adivinar cómo se sofocaban los vecinos. La puerta de entrada era un continuo entrar y salir de mujeres jóvenes con un montón de chiquitos.
Hacía tres años ya que estos vecinos se resistían al desalojo. Pero la ley es la ley, y debe cumplirse. La Constitución y la ley defienden el derecho de propiedad, que es algo sagrado. El derecho a la vivienda digna, algún día, quizás también llegará a ser un derecho sagrado.
Ahora los enseres se van amontonando en pirámides: catres, mesas, cajas de cartón, sillas, ventiladores, bolsas de consorcio. En la vereda, algunas mujeres charlan sentadas en los escalones y bandadas de chiquilines juegan en medio de la calle. En la vereda de enfrente, dos policías y dos señores trajeados vigilan. No molestan ni dañan a nadie. Pero todos saben para qué están. Desde que tenemos a un nuevo Jefe de Gobierno, el cambio se hace notar. Ahora, todo se hace con un orden impecable, limpiamente, con eficacia.
Durante la noche, cuadrillas municipales tapiaron cuatro esquinas, a ciento veinte metros del desalojo, en las cuatro direcciones, con grandes barricadas metálicas, cortando completamente el tráfico, veredas incluidas. En cada una de estas barricadas anti-motín, varios policías. Además, tropas de asalto por si acaso. Las nueve líneas de colectivo que suelen pasar por el lugar han sido desviadas.
A media mañana, tengo que ir a una ferretería que está fuera del perímetro. Un policía me deja salir. Diez minutos más tarde, cuando regreso, hay problemas. Los policías niegan rotundamente la entrada a un hombre de treinta años que pretendía ir hasta una panadería que estaba treinta metros adentro. Fue un “no” categórico. Y como el hombre insistía, el policía empezó a mostrar la hilacha y se puso amenazante.
El hombre se fue. Ahora me toca a mí pedir el paso. Con mirada de tonto, pregunté al policía si había “estado de sitio”. Me respondió con un “todavía no”. Buscó sacarme de encima y me ordenó rodear la manzana para presentarme en otra barrera. Finalmente, mostrando mi documento, le probé que vivía dentro de la zona y pude entrar.
Vuelvo a pasar por la esquina del desalojo. Ahora hay grupos de personas desalojadas, casi listas para irse, que se abrazan unos a otros. Son abrazos de despedida, silenciosos, y tanto más que, con las calles cortadas al tránsito, reina un silencio de cementerio.
En el barrio, muchos negocios, incluido el supermercado, están cerrados. Se trata del típico miedo de la gente frente a los disturbios que, dicen, podrían producirse. Algunos piensan que con desalojos así, el barrio mejorará. Los problemas se exportarán hacia los suburbios y, por lo tanto, ya no existirán.
El portero de mi edificio me dice: “Y… con tal que sea para bien”. Según parece, el viejo edificio de la esquina en este casco histórico va a ser derribado y será reemplazado por un hotel cinco estrellas. Es decir, que esta esquina siempre servirá para alojamiento.
—Rogelio Ponsard

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2 comentarios to “Noticias Comunitarias: Mayo 2008”

  1. romina Says:

    Hola, hace una semana que pase por la puerta del local de las Pulseras de Popea, y vi que estaba todo cerrado y me sorprendio ya que es un clàsico de San telmo ése negocio y busco en internet y bueno ya veo las nuevas…
    Es una lastima lo de ese local, alguien sabe si pudo en contrar lugar Maria Jose di Blasio? me gustaria poder ir a verla….
    Muchas gracias desde ya

    Romina Cantuarias

  2. Marisa S maulella Says:

    realmente fue un crimen haber dejado cesante al carpintero despues de tres generaciones para no hacer nada y que esa esquina este cerrada desde hace tres años.
    Esta gente no se da una idea de lo que provoco en esa familia, depresiones s, separacion y desasociego.
    Fue algo asi como cortales las manos al carpintero ya que en capital federal no se le permitio habrir otra fuente de trabajo poque la municipalidad no habilita carpinterias en esta zona..

    que crimen han cometido algo asi que era un patrimonio historico y el sustento de una familia .

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