Cambalache: Voces de la Comunidad

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“La muerte — enmarcando la vida y redimensionándola”

La muerte me atraviesa en estos días. De la muerte no hablamos ni pensamos habitualmente. Aunque sabemos que vamos a morir, apenas tenemos conciencia de la vida, de nuestra finitud. ¿Se imaginan si la muerte no existiera?: podríamos realizar todo lo deseado, sin límites.
Pero la gracia de la vida es que la muerte no nos avisa cuándo vendrá por nosotros o por un ser querido, y eso hace que podamos disfrutar más de las cosas, porque la vida es como el agua que se nos cuela entre los dedos.


La muerte me atraviesa porque en estos días murió Daniel Palermo, un papá de la escuela Guillermo Rawson, miembro de la cooperadora, un hombre joven, fuerte, con una hermosa familia, con trabajo. Se fue de golpe, un domingo, de un paro cardíaco. Sin aviso previo, al igual que Marcelo Crucci del puesto de diarios y revistas de Independencia y Defensa, muy querido por todos, trabajador, estudioso, deportista, un buen papá, marido y amigo.
No más pasar por su kiosco, y las lágrimas nos invaden ante tantas muestras de cariño que allí le dejan cada día.
También se fue, después de una semana de coma respiratorio, de un domingo a otro. Parece trampas del destino que se los llevó. También Silvio Bassi, mi suegro, tras un largo sufrimiento a raíz de un cáncer de lengua provocado por fumar, durante mucho tiempo, las pipas que tanto le gustaban, tabacos con gustos a chocolate y vanilla que teñían su barba blanca en amarillenta.
Esa enfermedad que se adueña del cuerpo y te come por dentro, llevándote a tal deterioro y sufrimiento, con el tuyo al de tus seres queridos, que solo deseas que termine, pero cuando ocurre, te invade un dolor intenso y pensás en que los milagros puedan ser posibles. “El abuelo”, como yo le decía —y por coqueto, no le gustaba—, tenía toda la energía y la lucha por la vida y lo que querría, que era mucho. Por todo eso, todo mi amor, mis recuerdos.
Por eso tenemos que disfrutarnos, ya que a todos nos llegará el turno de esta loca lotería en que sólo Dios saca los números. Como dicen los dichos populares, “nadie muere en la víspera”.
Por eso el título de la columna. Para mí, la muerte vino a enaltecer la vida y a enmarcarla, para que nunca te olvides de disfrutar y amar todo lo que más puedas, para que, cuando te llegue la hora, no te vayas con la sensación de que algo te faltó hacer o decir y, sobre todo, de decir “te amo, te adoro, te quiero mucho, mucho”. Porque suena tan lindo tanto para el que lo dice como para el que lo recibe, aunque dudes de la veracidad de lo dicho, es mejor que te sobren los “te amo” que no haberlos dicho lo suficiente y, en el peor de los casos, nunca.
Para terminar con la muerte que sí o sí vendrá a buscarnos, no dejes de amar lo que hagas, a tus plantas y a tus mascotas, y por sobre todo a vos mismo y todos los que te rodeamos.

—Pamela Biazzi para El Sol de San Telmo

“Chau Querido Marcelo”

Le dejábamos las llaves de casa y a los chicos para que los cuidara. Se involucraba en política y en la vida de la gente; ayudó a una familia de extranjeros cuando llegaron y no tenían nada y les enseñó el oficio de canillita. Así era él. Marcelo era un verdadero faro en esa esquina del barrio.

—Lina Cardoso

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