La galería del viejo hotel: Una de las cunas del arte de San Telmo tiene uno de los patios más hermosos de la ciudad y su historia es leyenda

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Escondida en la calle más antigua de la ciudad, disimula su edad la Galería del Viejo hotel. Con más de 110 años, se conserva al 1053 de una Balcarce empedrada y poco transitada. Salvo por los faroles de época y el umbral, a través del cual se insinúa el patio, nada en la fachada de esta estructura hace suponer sus años vividos. Con seguridad distrae su primer piso, anexado en la década del 50 y los detalles tipo art déco de su frente.

Su patio conserva las baldosas originales, ajedrezadas con amarillo en lugar de blanco, y hacia él están orientadas las más de cuarenta habitaciones de la planta baja y del primer piso. Exuberante de helechos, malvones y plantas, esta galería rescata la mejor tradición de San Telmo. Desde el ala derecha del primer piso, pueden verse las torres de la Iglesia San Pedro González Telmo, una de ellas negra y rasguñada por el descuido, otra blanca y resplandeciente.
La construcción está rodeada de misterio. Aunque fue declarada, junto con otras viviendas, patrimonio histórico de la ciudad en 1979, no hay registros de su estructura edilicia hasta 1925, año en que la entonces Obras Sanitarias instaló el servicio de agua de red. Además, tiene el estilo de las típicas construcciones hechas por albañiles: no es italiano, ni francés, ni español. El folleto en circulación sobre la historia del solar, cuya autoría se atribuye al dueño de la Galería, cuenta que la construcción no sería de 1890 —como sostiene el relevamiento de edificios históricos del Gobierno de la Ciudad—, sino de 1860.
La vida de los que ahí viven
Actualmente más de cuarenta artistas plásticos, escultores, artesanos, coleccionistas y orfebres tienen sus talleres allí. Algunos de estos artistas son reconocidos: la mexicana Anna Kassel atrapa en sus cuadros la fuerza de los elementos naturales y la vida; el pintor Jorge Falco, retrata de manera intensa el barrio de San Telmo; Ricardo Curchi, plasma distintos movimientos de tango. También está la primera escuela profesional de dibujos animados, Yiyo, que colaboró en la producción de Patoruzito 2, la película. Además, en esos locales más que particulares, funcionan una editorial, talleres literarios y de música. Así, caminando por el barrio se escucha que se asocia a La Galería del viejo hotel con una “cuna de arte”.
Como si nada alcanzara, una de las principales atracciones de la Galería, para vecinos y turistas, es el bar-restaurante de la planta baja. Allí también suelen juntarse los artistas de la casa para debatir en grandes mesas hasta que arremeten empanadas, vinos y cervezas.
Al caminar por estos pasillos, se respira el olor de las paredes recién blanqueadas, se aprecia el verde de las plantas que se extienden de balcón a balcón mediante hilos bien dispuestos. Sin embargo, la modernidad no tan estética hace de las suyas y deja lucir carcasas de equipos de aire aconcionado con logotipos de marcas.

Abandono y renacer
Ya por el nombre, se sabe, fue un hotel. Pero según cuentan los vecinos, la construcción supo ser, además, conventillo, pensión, albergue transitorio y prostíbulo. Hay historias más viejas que sostienen incluso que en este mismo terreno funcionó una morgue, un hospital o un cementerio alrededor de 1871. Aunque no hay registros al respecto, la versión tiene su sentido. En aquel año, con la fiebre amarilla, huyeron dos tercios de la población del sur, incluído el entonces Presidente de la Nación, Domingo Faustino Sarmiento.
Alrededor de 1950, como se acostumbraba en San Telmo, se construyó sobre el techo un primer piso. Las habitaciones eran muy pequeñas por lo que, se sotiene, desde entonces no volvió a ser hotel.
Desde 1973 a 1980, el edificio estuvo abandonado. A partir de la sanción de Ley de Preservación Patrimonial, el edificio fue adaptado y restaurado con la supervisión del Museo de la Ciudad, en 1980. En esos años todavía no existían los shoppings, y era un proyecto novedoso convertir aquel lugar en una galería comercial aunque, por suerte, lo comercial, en este caso, fue buena palabra. Toda una suerte, porque sus paredes y techos se salvaron del inminente desmoronamiento.
En el comienzo de esta nueva etapa, las pequeñas habitaciones albergaron a distintas personas que restauraban antigüedades pero que “no llegaban a una calidad que queríamos para el lugar”, expresan en la administración de la Galería. “En ese entonces, sacaban materiales al patio y esto parecía un mercado”, opinan.
Luego de dos años, la administración decidió que no era una estética atractiva, y elevó los precios de los alquileres. Paulatinamente, fueron reemplazados por artistas que, atraídos por la mística de San Telmo, llegaron desde cuarenta lugares del mundo.
A esta altura, la calle Balcarce parece un museo y reina la tranquilidad. El tiempo discurre suavemente entre infrecuentes vehículos y silenciosas baldosas. La renovada Galería del Viejo Hotel parece tener su propio tiempo y no siempre seguir el ritmo y la vida de San Telmo.

—Alejandro M. Zamponi

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Una respuesta to “La galería del viejo hotel: Una de las cunas del arte de San Telmo tiene uno de los patios más hermosos de la ciudad y su historia es leyenda”

  1. Diego Martín Colombres Says:

    Muchas gracias Catherine y Marcelo por la nota, está muy linda y además me encanta ese lugar, siempre me sorprende cada vez que lo piso.
    saludos, diego colombres

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