Imagen: San Telmo Tiene Memoria

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Paseo Colón entre Cochabamba y San Juan. El ex chupadero “El Atlético”, por donde pasaron 1.500 personas, muchos aún desaparecidos, comenzó a excavarse en 2002. La noche en que se prendieron allí, por primera vez, las antorchas como prueba de luz sobre la oscuridad, una mujer descubrió la letra de su hija en un trozo de pared. También se encendió el monolito realizado por la artista plástica Magdalena Jitrik, ex miembro de la Asamblea de San Telmo-Plaza Dorrego. Un cartel, construido con los escombros de ese lugar, reza: “San Telmo tiene memoria”.
Este 24 de marzo, a 33 años del Golpe de Estado de 1976, como todos los 24 de cada mes, la agrupación Encuentro por la Memoria, a las ocho de la noche, encendió las antorchas. Recordamos a los 30.000 desaparecidos, a sus familias y amigos con un especial homenaje a los 47 desaparecidos del barrio de San Telmo.
Foto: Marcelo Somma, Texto: Nora Palancio Zapiola

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Una respuesta to “Imagen: San Telmo Tiene Memoria”

  1. Diego Martín Colombres Says:

    ESTE CUENTO LO ESCRIBÍ HACE AÑOS INSPIRADO EN ESE LUGAR DE TERROR.SALUDOS
    El sótano de la reencarnación

    Estaba en casa de mi colega y compañero Isaac Grondstein, cuya última novela fue registrada con el título El Lum-vago, año 2005, Ediciones “El Recuerdo”.
    Era una muy fría noche en el barrio de Montserrat, cuando sin esperar a concluir el momento oportuno, rompió con su novedad: -Aquí, cinco cuadras hacia Paseo Colón, existen las ruinas de un templo, de una antigua secta que existió no hace treinta años , de origen estadounidense (tengo entendido que se trataba de una rama del KKK que operó en Latinoamérica en ese tiempo). Se dedicaban a la adoración de un Falso Jesús, copia fiel de Cristo pero impiadoso y cruel. También, y esto es lo más espeluznante, fueron particularmente fieles a los preceptos de la Santa Inquisición, de la cual se proclamaron devotos; hoy día hay ciertos grupos evangélicos, uniformados también como los antiguos jefes de esa secta terrorífica, que se dedican a la explotación y la estafa; al no poder ya asesinar, se dedican a combatir el conocimiento de sus seguidores. Pero volviendo a lo que le contaba, aquéllos se dedicaron a la tortura de los supuestos herejes y de sentenciarlos a muerte después de los más horrorosos e inefables tormentos que se haya tenido conocimiento aquí. Los acusaban de ejercer prácticas diabólicas, las que llamaron “Brujerías de las Ideas”.
    Lo escuché, por espacio de una hora, y le expresé después mi inquietud acerca de que me resultaba necesario ir a conocer ese sitio, y así poder compenetrarme en mis investigaciones posteriores sobre las muertes, que según se entendía, eran de un número sideral.
    Grata y a la vez estremecedora fue la respuesta: -Podemos ir ahora mismo. La noche es muy fría, y es sobre todo en estas épocas cuando salen ellos.
    -¿Ellos, quiénes?- le pregunté sorprendido…
    Mi compañero me contestaba ya apenas a una cuadra del sitio señalado, y un miedo helado trataba ahora de disuadir mi propósito:
    -Verá, Colombres. Ese lugar está habitado; a simple vista, pareciera un grupo de pordioseros, desamparados, que tienen su ghetto para compartir su miseria y sentirse así protegidos entre iguales…pero, no son lo que, corpóreamente, aparentan o vemos…
    -¿Qué?¿de qué habla?-interrumpí abruptamente antes que concluyera-¿Acaso son…?
    – No fantasmas exactamente- se me adelantó a lo que quería concluir. Callé y lo miré con los ojos imperantes y a la vez implorantes , llenos de respuestas posibles que exacerbado, esperaba.
    -Se trata de unos seres reencarnados. Fueron en su otra vida las víctimas de esa secta abyecta, inefable en sus procedimientos medievales por donde se la mire. Y ellos, viven allí, justo al costado de un gran sótano a cielo abierto. Éste, tiene la forma de catacumbas, del estilo del Coliseo romano; ahí fue donde se los mantuvo prisioneros, y les daban, después de las torturas más escabrosas, muerte, la cual era el mejor premio para escapar a los tormentos , y de ellos… -Ésta aseveración final me dejó completamente atónito, mi garganta la sentía desbordarse , a través de mi mente plagada y desbordante de imágenes funestas y alaridos macabros, desvelantes.
    Seguimos caminando, y cruzando la avenida de la recova, continuamos unos metros y nos internamos unos pasos doblando una esquina, debajo de la Autopista. Gronstein me indicó un alambrado tejido, y ambos comenzamos a trepar en él, cual arañas; la noche estaba secreta de vida para nuestros ojos…
    Llegamos al fin. Me parecía estar viviendo en una pesadilla horrible, y mis esfuerzos por despertar sólo hicieron reconfirmar la realidad a la que estaba condenado a ser horrorizadamente testigo. Un viento helado estremecía mis carnes y mi visión, a la vez que un humo grueso, que me provocó náuseas y convulsionó mi estómago, desfiguraba toda imagen presente y pasada.
    Nunca podré dar crónica, total y fidedignamente, a lo que dieron crédito mis ojos crispados , con las pestañas semejantes a agujas filosas, apuntando hacia la escena; los sentidos incluyeron el gusto bilioso de mi propio vómito.
    A ciencia cierta, no supe ni sabré nunca si era el efecto de una imaginación macabra en demasía, una sordidez pestilente y execrable que transgredía toda dimensión lógica, porque mis ojos ya acostumbrados, y ganándole a la neblina nauseabunda, posaron decididos sobre un campo donde yacían hogueras ya frías.
    Entre cenizas sobresalían rostros parcialmente quemados, y más allá , un festín entre los mendigos…una gran cama de hierro , entre un enredo de cadenas y alambres rojizos del fuego, candentes; la escena recreaba el martirio de San Lorenzo, y los reunidos, entre risotadas bestiales y graznidos repugnantes, cortaban y comían… sobre la parrilla, lecho de muerte lenta y paciente, en cuotas de venganza…el rostro de un conocido militar, semicalcinado, todavía mostraba su identidad desdichosa, entre su propia carne asada.

    Diego Martín Colombres

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