El desvanecimiento de un barrio: el autor se pregunta qué se pierde cuando se demuele un edificio tradicional

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Circunstancias casuales, la disponibilidad de un departamento, determinaron que resida en San Telmo. Mi anterior hogar en Buenos Aires fue un pequeño departamento en las márgenes del barrio de Once. San Telmo, en particular su costado que limita con Barracas y Constitución, ha sido mi barrio por más de dos años. Cada vez que tomo el colectivo por Bolívar, esa calle estrecha, me maravillo de la oportunidad que se me ha ofrecido de conocer este barrio y hacerlo parte de mi vida.

Décadas en el futuro, cuando posiblemente haya dejado la Argentina en busca de aventuras en otros confines del mundo, hay una parte de San Telmo que siempre permanecerá en mis pensamientos—es mi imagen mental del barrio, y ésta está compuesta por sus edificios.

Las antiguas mansiones y viejos edificios en decadencia han cautivado mi imaginación. Siempre me esfuerzo a recordar que mis pensamientos no son otra cosa que nociones nostálgicas y románticas de un pasado del cual yo, inicialmente, sabía muy poco.

Mi blog, escrito en inglés, describe a Buenos Aires como ciudad de una elegancia desvanecida. Los edificios son como señoras mayores, quienes perdieron vigor, belleza y riqueza tras sesenta años de olvido y angustia. Aún así, permanece intacta su dignidad y sentido del honor, también su carácter.

Yo soy de Tennessee, parte del sur estadounidense, y como niño fui expuesto a un ambiente patricio de mansiones de la época anterior a la guerra civil de mi país, y conocí familias que hace mucho habían visto su estatus eclipsado por traspiés económicos y errores de dimensiones históricas. Hoy, cuando deambulo por las calles de San Telmo, pienso no sólo en la brillante arquitectura sino también en las familias y las vidas que alguna vez habitaban dentro de esas paredes.

Estamos tan alejados en el tiempo de la época en que se construyeron estas residencias que es muy fácil no notar su elegancia original. Algunos inmuebles han sido restaurados, barnizados con un nuevo brillo, un destello para el siglo nuevo. Otros siguen humildes, continuando el rol tradicional del barrio como proveedor de vivienda a inmigrantes pobres.

Lo que a mí me parece más chocante que las personas marginadas que se agrupan dentro de estructuras antaño bellas, es el abandono y la demolición de propiedades encantadoras para la construcción de torres residenciales modernas. Por supuesto, algunos dirán que todo encanto es relativo, pero la arquitectura es una de las características que define a Buenos Aires y, en especial, a San Telmo. Sin esta arquitectura encantadora, Buenos Aires sería sólo una ciudad grande más.

El progreso—que curiosamente se define tantas veces según el desarrollo del mercado inmobiliario—es inevitable. El impacto de cambios urbanos sólo se absorbe a lo largo de muchos años, décadas enteras. Si soy tan afortunado como para vivir una vida larga, otros cuarenta años, quiero experimentar San Telmo en el año 2047 y verificar si el carácter esencial del barrio ha sobrevivido a los cambios, o si San Telmo se ha convertido en un parque temático de lujo con sólo algunos rastros de lo que era antes.

Mientras tanto, continuaré mis paseos laberínticos en estas calles, absorbiendo todo el ruido, la mugre, y la belleza que define a la vida en San Telmo en estos primeros años del siglo 21. —Jeff Barry
Se puede visitar el blog del autor en: www.baires.elsur.org

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