La Simbólica—símbolo de San Telmo

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Cuando entré en la tienda La Simbólica por primera vez, me di cuenta que me encontraba ante una institución barrial de San Telmo. Al pasar el umbral, me envolvieron los cálidos aromas y texturas de los variopintos productos alimentarios que vende esta modesta tienda sobre la calle Carlos Calvo.

Alrededor mío, ordenados en contenedores sobre mesadas y estantes, o hinchando sacos de arpillera apoyados contra paredes de color espuma marina, había una variedad de especias, vinos en damajuana, tes, nueces, cereales, frutas secas, harinas, porotos, y otros alimentos desde los más comunes hasta cosas bien difíciles de conseguir (como higos blancos de Turquía o amaranto andino). La impresión que crea este conjunto se sitúa entre la tienda dietética y el clásico almacén de especias como El Gato Negro, pero con ese inconfundible aire familiar del barrio. En La Simbólica uno respira una atmósfera que llevó décadas acomodándose, incorporándose y convirtiéndose en algo único en la ciudad.

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Años atrás se podía encontrar en diferentes puntos de la metrópolis más de 30 tiendas bajo el conocido nombre de “Frutícola La Simbólica.” Pero ahora este local de San Telmo es el único de la cadena que sigue en existencia. En los años sesenta y setenta, Frutícola La Simbólica abastecía a Buenos Aires con sus vinos, mieles, y frutas secas. La empresa sigue produciendo comestibles, pero fue vendiendo sus locales a lo largo de los años —muchas veces a los empleados que los manejaban—y fue así que la familia Graciano se convirtió en dueña de la tienda que vemos hoy. Si lo que define el carácter de un emprendimiento es la gente, en este caso La Simbólica perduró gracias a los esfuerzos y el ánimo de los Graciano—sobre todo Aida Graciano, que comenzó su trayectoria como encargada del local en 1982.

Cuando hice la entrevista para este reportaje, estaban enfrente mío tres generaciones de los Graciano: Aida, su hijo Salvador, y su nieto Sebastián. Pero según la familia, y también los clientes, fue ella la que hizo de La Simbólica un tesoro barrial.

Es esta onda familiar que infunde a La Simbólica con la calidez palpable que hoy sólo sobrevive en locales donde los que atienden llevan años conociendo su oficio. A pesar de la gran variedad de alimentos que llenan la tienda, Aida y Salvador los tienen registrados a todos, y saben de dónde vienen y para qué se pueden usar.

“Cuando empecé no sabia ni siquiera para qué era una ciruela”, dice Aida. “Pero la historia de los productos la vas aprendiendo con el tiempo”.

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Revisando los estantes de especias, se ve cardamomo de Guatemala, enebro de Macedonia, kummer de la India, quinoa de Bolivia, orégano italiano, guaraná de Brasil, y más de siete tipos de pimiento distintos. En la otra pared, hay más de 50 variedades de té, cada uno en una bolsa de papel que explica qué usos tiene además de los nombres de las hierbas que lo componen.

Salvador saca un paquete de yerba mate de un estante, y está el mismo logo que se ve en la vidriera del local. La yerba es de la casa La Simbólica, me explica. La empresa cultiva, selecciona, estaciona, y empaqueta la yerba, que proviene de sus terrenos en Misiones. “Es una yerba suave, bien estacionada, y no tiene esa acidez que a veces tienen las yerbas verdes que te hace mal”, dice.

En nuestra época de grandes cadenas de supermercados, este conocimiento profundo de los productos es algo inusual. También lo es la intimidad que los Graciano tienen con sus clientes.

“Es muy lindo el diálogo que tenemos con la comunidad”, comenta Aida. “Escuchás las historias de la gente, sus problemas y también sus alegrías. Yo conozco a generaciones de la misma familia— los padres, los hijos, y ahora los nietos”.

Esta profundidad también se observa en la estética del lugar, que no tiene el brillo encandilador y estéril de un supermercado moderno, sino el aire rico de una casa antigua, llena de historia y sin embargo minuciosamente cuidada. Para una tienda que trabaja con muchos productos sueltos y tiene pocos empleados, el mantenimiento puntilloso no es un logro fácil y se nota que los Graciano cuidan el espacio con amor.

“Salimos de casa a las cinco y media de la mañana y volvemos a las nueve de la noche. Cuesta mantener esos horarios”, dice Salvador, que trabajó durante años en la bodega y frutícola de La Simbólica antes de venir a ayudar su madre cuando ella compró el local de la empresa en 2005. “Hacemos mucho sacrificio para mantener el orden, mantener el lugar limpio, acomodado, prolijo, y que esté al ojo tanto del que mira desde afuera como de la gente que vive hace muchos años en el barrio”.

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Y definitivamente La Simbólica está al ojo de San Telmo. Aquí compran víveres todas las comunidades que hacen suyo el barrio. En el transcurso de una mañana, mientras uno espera en la cola al lado de la larga mesada, es tan probable encontrarse con un señor mayor pidiéndole a Aida un consejo sobre hierbas para reumatismo así como con una pareja de mochileros europeos comprando arroz yamaní. Gracias a la calidad del local, la gama de sus clientes es diversa, pero gracias a su constancia, La Simbólica ayuda a que San Telmo preserve su carácter.

“No te creas que San Telmo haya cambiado tanto”, comenta Aida, que vivió 18 años en el barrio antes de volver a Banfield con su familia. “No es como Puerto Madero, que antes era todo un desierto. Lo que más ha cambiado es la gente, porque hay mucho turismo ahora”.

Para alguien como Aida, los cambios son parte de una historia que continúa. Esta continuidad se debe mucho a gente como ella, que forma parte de esa historia, y sigue creándola de su propia manera en un rincón del barrio que ya es mucho más que un negocio. Gracias a la obra que ha creado junto a su familia, nosotros también podemos disfrutar de esa bella interacción entre lo antiguo y lo nuevo que define tanto a La Simbólica como a San Telmo.

—Catherine Black

La Simbólica

Carlos Calvo 708

4300-5810

Lunes a Sábado, 8-13hs, 15-19:30hs

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3 comentarios to “La Simbólica—símbolo de San Telmo”

  1. jorge rivero Says:

    Desde el año 78 hasta el 88 vendimos productos de La Simbólica en Morón en la calle Gral. Sucre 897 (Morón) el cual estaba a nombre de mi señora Elda Magallanes, en el cual vendíamos y con éxito tanto los vinos como todos los productos sueltos, (yerba, legumbres, etc), es el modelo de comercio que sería ideal para esta época. Ojalá puedan retomar aquella senda de las ventas minorista de la cual me gustaría volver a participar.

    Jorge Rivero

  2. Ruben Ceña Says:

    Voy a inaugurar un comercio de productos sueltos, deseo trabajar sus productos en la localidad de mar del plata.
    En ese caso tener una lista de precios y la forma de trabajo que tienen.
    sin mas muchas gracias

  3. martha Says:

    quisiera que me enviaran los precios de los productos y como seria la entrega.tambien si hay descuentos en cantidad desde ya muchas gracias

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